La ley de protección de datos da honestidad al marketing

El reglamento europeo de protección de datos empieza a verse con optimismo no solo entre la ciudadanía, también entre las empresas y organizaciones que tienen su autorización para usar sus correos o teléfonos, al permitirles mostrar honestidad.

 

Albert García Pujadas, coordinador del Máster en Marketing Directo y Digital de la UPF Barcelona School of Management, considera que la normativa, aunque solo sea por el temor a las sanciones, en el márketing puede ayudar a generar una mayor confianza entre empresas y clientes.

“Hace tiempo que se sabía que no se podía pedir los datos al usuario sin informarle absolutamente de nada o de una forma medio oscura y luego utilizarlos para lo que te diera absolutamente la gana. Había muchas organizaciones que pedían los datos y no sabías dónde iban a parar, ahora hay una gran sensibilidad en la reserva de los datos, para cada uso explícito se ha de pedir permiso y ha de hacerse de una forma clara y sencilla, no valen las leyendas incomprensibles y largas”, explica. 

García Pujadas señala que puede ver el vaso medio lleno o medio vacío, hay quien piensa que complica el trabajo y otros ven una oportunidad para ponerse del lado del ciudadano o del cliente, al que se le da el mensaje de que sus datos solo se usarán para lo que él autorice. Y por eso esta ley es bienvenida. “Es una oportunidad para regularizar la obtención de datos y ponerse del lado del usuario”, recalca.

Al exigir el consentimiento explícito muchas compañías han visto adelgazar sus listas de posibles usuarios, en algún caso han perdido cerca del 90% de sus fichas. Las bases de datos se han reducido drásticamente.

La ventaja es que quienes han decidido quedarse son aquellas que sí quieren tener relación con la empresa, lo que en la práctica significa que se hace una limpieza y que las direcciones que quedan son las de personas que sí tienen cierto interés en la actividad que desarrolla la compañía y de quienes conscientemente aceptan mensajes.

García Pujadas reconoce también, que para algunas empresas enfrentarse a la exigencia de buenas prácticas por primera vez implica poner en riesgo sus modelos de negocio. Negocios que probablemente no deberían haber existido. “Afortunadamente, para la mayoría, pone en valor a aquellas organizaciones que sí protegen los datos personales de los usuarios y respetan su derecho a la privacidad”, señala.